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No soy de ti

Esta vez me voy a permitir hablaros de una forma quizás políticamente incorrecta pero es que creo que hay cosas que no se pueden expresar y hacer sentir al otro si no se meten “tacos” de por medio.

Una de las cosas que más me han atormentado desde que tengo uso de razón es la pasión que tengo por la música cuando en casa nunca se ha escuchado música, ni primos ni tios han escuchado y amado tanto la música como la siento, la amo y la vivo. Es jodido sentir que no perteneces a un sitio pero es más jodido si, además de saberlo, hay cosas que despuntan que no te hacen sentir cerca de ese lugar al que la sociedad te dice que por haber un papel de por medio perteneces.

La música siempre fue parte de mi hasta tal punto que con 5-6 años fuimos a casa de unos amigos de mis padres, vi una guitarra de juguete y jugué con ella todo el tiempo, me la quería llevar a mi casa, con 7 años cuando hice la comunión pedí que me regalasen una flauta a pesar de que hasta el siguiente curso no me tocaba aprender en el colegio pero yo la usaba sin saber, cuando con 8 aprendí no soltaba la flauta, me aprendía las canciones de memoria por el sonido, leía partituras básicas y tocaba canciones en base a esas partituras que no tocábamos en el colegio. A los 11 años pedí una guitarra para reyes, me la regalaron pero con un libro, sin apuntarme a clases, nunca aprendí pero la guitarra me ha seguido acompañando en numerosos intentos por aprender. Con 13 años en la feria pedí un timbal como “premio” en el puesto de dardos… ¿Acaso hacen falta más evidencias de que la música y yo estábamos conectadas desde el principio?

Os preguntaréis que carajo tiene que ver esto con la adopción, pues la verdad es que es mucho más simple de lo que os podáis imaginar, pocas veces escuchaban con la mirada lo que era tan importante para mi, os lo he dicho ya muchas veces en este post pero siempre van llegando personas nuevas y creo que nunca está de más recordar que hay cosas que van grabadas a fuego en la genética de cada uno, en mi caso fue la música pero, ¿sabéis que es lo peor? Que aun a día de hoy a veces me siento como una gran mierda porque no sé quien soy porque tengo eso que me llama, me arrastra y me arranca un pedazo de mi alma cuando lo escucho pero por otro lado miro y mi vida no tiene nada que ver con la música, soy yo la que estoy teniéndo que ir escogiendo el camino para estar lo más cerca de ella pero aun así me siento perdida entre tanta genialidad, genios afortunados que aprendieron a tocar un instrumento, genios afortunados que no les mandaban a callar cuando cantaban en la ducha (a día de hoy no lo hago, sin embargo lo hacía pero de tanto mandarme a callar, callé de verdad) ¿Tan difícil es dejar ser a alguien que no comparte tu genética?

Anoche subí una foto a mis redes sociales personales, una foto con esa guitarra de juguete de cuando era niña, la hermana de mi padre me comentó lo siguiente “Sobrina, no sabía que te gustase tanto la música”, en ese momento me sentí bastante jodida, perdida, sin saber quien soy ¿Es justo sentirse así por no saber gestionar una adopción? ¿Por no saber que es lo realmente importante para el adoptado? ¿Por no mirarle? ¿Por no empatizar? ¿Por no sentirle?

Ese es mi refugio ¿Cuál es el de vuestros adoptados? Es una verdadera putada sentirse tan perdido cuando crees que casi te has construido, todo lo que crees haber contruido se derrumba como un castillo de naipes.

Cuando hablo de esto siempre me gusta poner una película de ejemplo “El triunfo fe un sueño”

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Siempre presente

¿Alguna vez os habéis planteado que se nos puede pasar por la cabeza a los adoptados cuando alguien dice te pareces a tal persona? Es una locura como la mente se paraliza en ese momento y si estás pasándolo bien todo a tu alrededor parece detenerse. No hablo de los parecidos con padres adoptivos sino con alguien a quien no conoces, como cuando te dicen te pareces al hermano de mi amiga o te pareces a tal o cual persona con la que no hay ningún parentesco adoptivo.

Hace apenas unos días me pasó estando de fiesta con unos chicos que se nos acercaron aún sin conocerlos, en ese momento se paralizó todo, la música, la conversación, la diversión… En ese momento una parte de mi cabeza quería ponerle cara a esa persona, quería conocerla.

En ese momento parece que el mundo te vuelve a recordar lo que duele la vida, lo que tanto daño te ha hecho. Por suerte o por desgracia creo que he aprendido a vivir con ello, con el dolor y algo que me daña me dura poco tiempo, justo en aquel instante miré a mi amiga, le sonreí, me sonrió giré le cabeza y le dije al chico “no, no soy la hermana de tu amigo” pero, ¿y si si lo fuese?

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Déjame ver más allá

Siempre he pensado que nada de lo que me había aportado la adopción era bueno, siempre hasta este pasado fin de semana. Cada vez me doy más cuenta de que vivimos en una sociedad que solo mira la primera imagen, que no se para a pensar en lo que pueda pensar o sentir la otra persona, quizás vivimos demasiado deprisa o alguien nos enseñó a ser demasiado egoístas y pensar solo en nuestro propio bien, en nuestros sentimientos, en nuestras emociones.

Quizás… esa maldita palabra que te deja con la duda de si pensar de esta forma, por tener la necesidad de conocer a la otra persona para entenderla más allá de una primera imagen está realmente bien porque, siendo sinceros, a veces he caído en la trampa de tratar a la otra persona con más cercanía de la cuenta para un primer encuentro y si, por supuesto, no siempre la otra persona ha respondido bien porque nos han enseñado a esconder nuestras debilidades y no a mostrarlas como una fortaleza por hacer frente a ello diariamente.

Puede sonar absurdo por lo lejano, por la distancia, por lo probablemente inalcanzable de que pueda suceder el llegar a esa persona pero, ¿sabéis la razón por la que pensé en esto? Por un concierto, por un artista.

El pasado sábado estuve en el concierto de Pablo López, en Sevilla, cada uno de sus gestos, de su rabia por un problema técnico al principio, de sus lágrimas cuando la gente cantaba, todo eso me hacía pensar en qué hay más allá de ese Pablo López que vemos, sus experiencias, vivencias, sentimientos, todo eso me lo cuestionaba mientras escuchaba sus canciones en directo. Tal vez penséis que la situación así contada puede ser bastante absurda pero esto no fue más que el culmen de algo que he vivido cientos de veces al conocer a alguien, la necesidad de ver a esa persona más allá de su imagen de perfecta imperfecta, de tener una conversación de tú a tú, de conocer el por qué de, en este caso, esas canciones, del por qué de según que gestos, del por qué de según que palabras.

Llevo mucho tiempo contando por este espacio que miréis más allá del adoptado, que miréis más allá de un enfado, de una imagen fría, de un “no quiero ir a este sitio si tu no vienes” y eso, amigos, me gusta aplicarlo a mi día a día con todo el mundo, tener una conversación tú a tú con aquellas personas que forman parte de mi vida, sea para un día, para un rato, para unas cuantas de canciones o para una vida entera.

Empezaba esta publicación diciendo que es una de las pocas cosas que me ha aportado la adopción por una razón, me han juzgado tantas veces (como a todas las personas supongo) pero no voy a decir que me han juzgado sin conocerme porque si, quizás si me conocía, pero no conocían mi historia, no conocían y no conocen que detrás hay ansiedad, hubo pensamientos suicidas, hay dolor, lágrimas, hay mucho amor pero escondido porque desde fuera puedo parecer fría, y distante en ocasiones, porque hay noches sin dormir, porque hay rabia…simplemente esa es mi historia. No siempre me han juzgado para mal, otras veces para bien, hace pocas semanas una persona me dijo que me veía una persona con mucha fuerza, confianza en mi misma, alta autoestima, seguridad y solo podía pensar en que soy todo lo contrario.

Supongo que personas no adoptadas también se sentirán así, con esa intensidad con la que yo lo siento, con esa necesidad del tú a tú, de ver a la otra persona más allá de su imagen, de su profesión, de sus actos… sencillamente creo que es algo que va ligado a experiencias en la vida que nos regalan esa capacidad de necesitar no solo un café sino también unas cuantas de copas para saber a quien tienes en frente, sin idolatrar, sin decir te quiero por una imagen (como suele suceder con los personajes públicos).

Pensaréis que esto lo he pensado con Pablo López por haber sido su concierto, no voy a negar la influencia de ello, pero no es el 100% de la razón, diría que ni si quiera el 50%, porque he conocido en mi vida a distintos artistas (y no solo artistas, solo por el paralelismo) siempre he pensado lo mismo y, al final, he ganado amistades maravillosas con músicos que se suben a escenarios no con 3000 personas de público pero si quizás con 200 solo por esta actitud, esta necesidad de hablar con el corazón en la mano, desde el respeto de no dañarlo más de lo roto que ya está, aun sin conocernos de nada más que de una mirada.

Este post no puede acabar de otra forma aunque sea un improbable porque creo que los imposibles no existen.

Pablo López, quiero un tú a tú, no contigo sino con Pablo, a secas, con la persona, no con el músico, un café, unas cuantas de copas sin pianos de por medio, sin canciones, con el único instrumento en la mano que tenemos en el lado izquierdo de nuestro pecho, quiero que nos regalemos mutuamente las heridas.

https://www.youtube.com/watch?v=Xre1ME1Uazs

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Yo también pasé por ello

Hoy quería traeros una entrada sobre algo que llevo tiempo queriendo escribir pero sobre lo que no me atrevía a hablar más allá de las personas más próximas y algún grupo cerrado en las redes sociales. Hoy quiero hablaros sobre algo que afecta a muchas personas pero que la sociedad ha convertido en un tabú, el suicidio. No pretendo ni mucho menos asustaros pero creo que en la adopción no solo se deben ver las luces sino también las sombras, que no son pocas.

No son muchos los estudios que relacionan el suicidio con la adopción pero en el año 2013 la revista ‘Pediatrics’ sacó a la luz los resultados de un estudio sobre este tema basado en adoptados y no adoptados en Estados Unidos (os dejo el enlace a un resumen en Español), el estudio revela que la probabilidad de intento de suicidio en adoptados es 4 veces superior a la probabilidad de no adoptados.

Durante casi 3 años, entre los 15 y los 18, yo también tuve pensamientos suicidas, nada encajaba en mi vida y mi vida no encajaba en ningún lugar, puede sonar poético así dicho pero era bastante doloroso sentirse así, en mi caso nunca llegué a intentar quitarme la vida pero si lo pensaba constantemente, un pensamiento recurrente que se venía a mi mente casi cada semana durante, como decía, casi 3 años. Realmente fue una etapa agotadora y lo único que creo que me salvó fue en el último año empujarme a pensar que el año siguiente no estaría en la ciudad en la que vivía por entonces, a los 18 me marché a estudiar fuera de casa y eso, aunque no desaparecieron las cosas de la noche a la mañana me mantuvo en pie, como si esa motivación me sujetase de los brazos cuando las piernas me fallaban. Nunca se lo llegué a contar a mis padres y, tal vez, cuando sepan de la existencia de este blog si algún día llegan a saberlo, se enterarán tras tantos años, nunca hablaba con nadie sobre como me sentía pero era una realidad y hoy día me siento lo suficientemente fuerte para hablar sobre ello.

Desde luego en una situación así y desde el punto de vista de padres no sé cual es el mejor camino para ayudar a vuestros adoptados pero estoy segura de que pasa por el trabajo junto a un profesional.

 

 

Hola amig@, si me lees, si te sientes así o te has sentido así, déjame decirte desde la supervivencia que al final todo pasa, agárrate a algo que sea lo más importante del mundo para ti, agárrate a algo que te motive tanto como a mi me motivo cambiar por completo de vida, vuela lejos si te hace falta, busca tu lugar. No desistas. No caigas. Busca tu hueco en el mundo, ahora más que nunca creo que todos lo tenemos, aunque ese hueco esté lejos de nuestra familia biológica y, a veces, también de la adoptiva. Sé que eres más fuerte de lo que te sientes, sé que dentro de 6 años contarás esto como lo hago yo, sabiendo que fue un momento difícil, doloroso y agotador, tan agotador que estuviste, como lo estuve yo, de dejarte caer cuesta abajo pero sé fuerte y cuando te sientas preparado, cuéntalo, en tus manos como en las mías está romper este tabú tan absurdo que la sociedad nos ha hecho creer que es hablar sobre la muerte, más concretamente sobre el suicidio, porque no debería ser ningún tabú sino quedar en las marcas de guerra, en la cicatrices en el alma pero con la capacidad de empoderar a quien ahora pasa por ello y hacerlo fuerte con las palabras y las historias de supervivencia de quien ya pasó.

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Hoy Duele

Creo que las canciones a veces tienen el don de llegar en el momento más oportuno y así me sucedió con esta. Cada lunes la plataforma Spotify actualiza mi lista de “Descubrimientos Semanales” y precisamente ayer, cuando tuve que gestionar un papel relacionado con mi búsqueda de orígenes sin éxito, esta canción se puso en mi camino, una canción que no solo me transmite paz sino que, de algún modo, me lleva a pensar que aunque duela, mejores tiempos llegarán.

Tengo tantas cosas que contarte,

hace tanto frío en Andratx,

marzo se presenta en las aceras

hoy me siento frente al mar.

Veo tus señales en la estela

nunca te podremos alcanzar,

rabia de que corras por mis venas

y no poderte abrazar.

Aun no he borrado mi sonrisa

y no paro de pensar

que hay un faro que ilumina

donde se besan el cielo y el mar.

He llorado tantas noches

sin dar con el consuelo

me he abrazo a la familia

gritando tu ausencia

consolado a mis hermanos

sin aire en los pulmones

y he aprendido que la vida

pega y duele.

No he perdido aun la fe

me he hecho fuerte en la penunbra

Me comprometo a querer

a pesar de la amargura

Grito fuerte porque sé

que me escuchas y no hay duda

aunque duela más que ayer

hoy me duele más que ayer.

He llorado tantas noches

sin dar con el consuelo

me he abrazo a la familia

gritando tu ausencia

consolado a mis hermanos

sin aire en los pulmones

y he aprendido que la vida

pega y duele.

No he perdido aun la fe (x4)

 

 

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Cambiemos el mundo

Soy consciente de que algunas de las personas que seguís este blog os dedicáis a la enseñanza, es por ello que quiero que esta entrada sea para vosotros.

Tenéis en vuestras manos el poder de hacer una sociedad mejor, tenéis el poder de construir personas que sepan respetar las diferencias entre las propias personas y, sobre todo, por ser el tema que nos ocupa en este blog, tenéis el poder de que otras personas entiendan lo que de verdad supone ser adoptado, que se dejen de hacer chistes y bromas, frases hechas o expresiones que pueden ser dañinas, expresiones como la que leí hace unos días en Instagram.

“Sigo esperando el día que vengan los servicios sociales a quitarme mi custodia por malos tratos”

Es obvio que es una frase sin malas intenciones que habla sobre el daño que una persona se puede causar a sí misma pero también estoy segura que es una frase construida desde la ignornacia, la ignorancia por saber que cuando te quitan de alguien, están quitando una parte de ti mismo, por malo que sea eres tu, es tu persona, nadie es perfecto y solo hay que tratar de vivir sin dañarnos a nosotros mismos pero, también, sin dañar a otras personas tal y como termina por hacer aquello que se hace o dice desde la ignorancia.

Profesores, tenéis en vuestras manos hacer ver otros niños ajenos a la adopción, que en un futuro serán adultos, que ser adoptado genera actitudes o comportamientos que a veces son tachados de raros como el “ese niño es raro” “esa niña nunca habla” “ese niño me ha pegado”, obviamente no es mi intención deciros que un niño aprenda sobre psicología y que encuentren una justificación sobre el por qué les pega el niño/a en cuestión sino que aprendan que detrás del niño/a que les pega hay un niño/a como él mismo o como ella misma lleno de miedos quizás pero que si se acercan, si hablan, si le tienden una mano (con ayuda de adultos por supuesto) se darán cuenta de que en realidad todos somos iguales.

No soy maestra ni pedagoga y quizás no puedo deciros las herramientas para hacerlo pero estoy segura de que como profesionales llegaréis a encontrar la forma de hacerlo. Recuerdo cuando yo estaba en secundaria y bachillerato y dábamos asignaturas que realmente tenían un contenido muy abierto, durante un año nuestra clase incluso organizamos las fiestas del colegio y actividades con los niños de cursos inferiores, otro año en el que veíamos la estructura de las universidades (¿y si alguien no quiere estudiar en la universidad?). En definitiva que creo que a lo largo de la vida académica puede haber momentos en los que se traten estos temas.

No confío, en ningún aspecto, en una sociedad que pueda cambiar a corto plazo sino a largo plazo porque, como dijo Pitágoras “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Obviamente no vas a castigar a alguien por decir algo que dañe a un adoptado porque lo ha dicho desde la ignorancia pero ¿y si evitamos dañar?

Ni si quiera es necesario que haya adoptados en las clases que impartís, creo que a lo largo de su vida todas las personas no adoptadas acabarán por encontrarse con un adoptado, con mayor o menor cercanía a esa persona.

¿Y si cambiamos el mundo entre todos?

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Cerrado por vacaciones

Aunque os lo comente ahora el descanso comenzó hace unos días. A veces se me hace cuesta arriba encontrar temas que puedan interesar, que no repitan el contenido de las hasta ahora 66 publicaciones…

Aunque no haya publicaciones nuevas en unas semanas (espero poder volver en septiembre) el correo sigue y seguirá a vuestra disposición durante este mes, al igual que los mensajes privados en facebook para cualquier pregunta o, como siempre os digo, sugerencias de temas, cualquiera de ellos excepto sobre racismo o identidad racial ya que no soy la más adecuada para hablar sobre ello por no ser la mía una adopción transracial.

 

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Influencias

Todas las personas, independientemente de la adopción, somos influenciables a cierta edad, ese momento al que le llaman adolescencia, ese momento en el que todos construimos nuestra identidad el quiénes somos y quién seremos de adultos pero hay una diferencia existencial en todo ese proceso entre un adoptado y un hijo no adoptado, los referentes.

En alguna publicación anterior ya mencioné lo difícil que es construir la identidad cuando no tienes referentes pero todo esto sería mucho más sencillo si no hubiese, además, los mil estímulos que el resto de la sociedad emite y recibe durante sus respectivas adolescencias, estímulos que si ya de por si nos hacen influenciables por el simple hecho de no tener una personalidad fuerte una identidad en el adolescente adoptado nos hace doblemente influenciable. Siempre me ha resultado curioso como, además, nos solemos dejar influenciar más por lo malo que por lo bueno en esa etapa, supongo que porque lo malo es lo que destaca, lo que sobresale y eso, nos guste o no, nos llega más en una etapa en la que, a la vez que intentamos formar nuestra identidad y querer pertenecer a un grupo también nos gusta, de alguna manera y aunque no siempre se diga, ser diferentes al resto.

No estoy muy lejos de mi adolescencia (de hecho hace menos de un año me dijeron que sigo en una adolescencia tardía) pero puedo afirmar que en dos ocasiones, en dos momentos diferentes de mi vida estaba dejándome influenciar por personas con carácter y actitudes hacia las personas bastante agresivos hacia las personas, por suerte diría que una agresividad verbal pero todo podría haber sido, por suerte me di cuenta a tiempo de que no quería convertirme en esa persona que me estaba convirtiendo pero si yo, en tan solo 5 años me dejé influenciar por dos personas así, casi seguido, en situaciones diferentes pero con actitudes parecidas, no supe darme cuenta, ¿de qué forma no van a influir el resto de la sociedad en otras personas y, especialmente por lo que comentaba antes sobre la falta de referentes, en otros adoptados?

No, el amor, lo material y la estabilidad no bastan para hacer de un adoptado un adulto con los pies en el suelo. Además de muchas más cosas hacen falta referentes positivos (otros adoptados con calma y dolor a pesar de las tormetas pasadas y presentes pero que saben usar el viento a favor para navegar por ejemplo), referentes que ayuden a construir identidades no solo como individuo sino como adoptado. Quizás esto último de como adoptado se pueda interpretar de mil formas, algunas no tan positivas como mi intención, pero a fin de cuentas viene a decir lo que decía más arriba, que hay adoptados que, a pesar de nuestras historias, a pesar de nuestro dolor y de todo lo negativo que un día vivimos y que aun nos daña, a pesar de todo eso, a pesar de nuestras heridas que aun están con costra y no terminan de cicatrizar porque se abren mes si y mes no, a pesar de todo eso, nos mantenemos avanzando como si todo eso fuese lo que nos daña cuando estamos solos, cuando nadie nos ve y nos oye porque cuando salimos a la calle, a pesar de todo, sabemos disimular con una sonrisa, avanzar en lo profesional y construirnos desde cero como si, a ojos de otras personas que no conocen nuestra historia, nada hubiese pasado.

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No somos valientes

Dicen de los adoptados que somos valientes, dicen que tenemos el coraje para enfrentarnos a nuestra propia historia, dicen que somos personas fuertes, dicen tantas cosas que no creo que sean verdad.

No, no soy ni valiente, ni fuerte ni tengo coraje porque yo no elegí tener la historia de vida que tengo. No, no lo soy, no lo somos porque lo único que intento es estar menos rota de lo que he estado el resto de mi vida, solo intento recomponerme pero no he elegido nada de lo que me sucede ni me ha sucedido, no elijo enfrentarme a ello solo elijo intentar que me duela lo menos posible y eso no me hace valiente, ¿o acaso alguien que sufre una caída es valiente por dejarse curar? Tampoco soy fuerte porque he llorado durante muchas noches seguidas, he querido morirme para dejar todo atrás, para tener que dejar de pelear contra mi propia historia, por eso no soy fuerte porque si al final sigo aquí luchando por mi historia es por las personas que me empujan a seguir y eso, eso no me hace fuerte, eso solo significa que tengo personas fuertes detrás mía que me aguantan con cada caída y me ayudan a levantarme, eso si es la fortaleza, aguantar cada envestida y cada caída cuando ni si quiera eres tu el que enviste y el que fracasa porque que fácil sería quitarse del camino como otros ya hicieron. Ellos si son fuertes. No soy fuerte pero sigo en pie porque hay algo más allá de la adopción que me motiva a seguir dando pasos por pequeños que sean porque en ese otro camino me dicen que soy persistente y no soy persistente porque sí sino porque es mi distracción frente a tantas horas de dolor.

He escuchado miles de veces en los últimos años sobre todo esas dos palabras, fuerte y valiente, dos palabras con las que no me identifico, dos palabras que cada vez que las escucho me hacen sentir más débil porque puede que para algunos sea fuerte y valiente o puede que no sean las mejores palabras para definir mi lucha, nuestra lucha, la de la mayoría de adoptados, pero si queréis usar esas palabras hay que comprender que no lo soy, que no lo somos porque nosotros no elegimos enfrentarnos a esto en la vida, porque no elegimos nacer en esas circunstancias que nos llevaron a la adopción porque no elegimos nada ni si quiera enfrentarnos a nuestra propia historia porque es la propia naturaleza del ser humano la que le hace enfrentarse a su propia historia y conocer sus orígenes aunque algunos tengamos que empezar por los orígenes más próximos sino, ¿por qué existe la historia si no es porque el ser humano tiene la necesidad de conocer sus orígenes?

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No soy sincera

A veces quisiera ser sincera, quisiera no tener que mentir pero para ello tendría que no ser adoptada y diréis ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

Para ser sincera cuando me dijesen que es lo que menos me gusta no diría el invierno, por ejemplo, diría que me cambiasen el nombre pero tendría que explicar demasiadas cosas que a veces no me apetece explicar.

Si me dijesen que me gusta menos de mi no diría un rasgo físico sino esa desconfianza que no deja que me deje querer.

Si me preguntasen por mi lugar favorito no diría una ciudad ni un lugar geográfico, diría los brazos de alguien especial.

Cuando preguntan a quien me parezco, no es una mentira pero tampoco una verdad completa, no tendría que decir que no lo sé. Porque no, tener corazón como reza la imagen no me hace parecida a nadie.

Cada vez que veo a alguien quererse no diría que me encanta, diría que lo odio porque me recuerdan que la mayoría de mis días no me siento querida y los envidio.

Situaciones cotidianas simples que recuerdan cada día que la sociedad no sabe que es ser adoptado.