Aspectos positivos de la adopción

Quizá una de las cosas que más escucho o leo es “la adopción también tiene cosas positivas” y yo le pregunto pero las respuestas siempre son desde el punto de vista del adoptante o de la persona ajena a la adopción así que decidí darle vueltas y creo haber encontrado aspectos positivos de la adopción desde el punto de vista del adoptado.

  • Tienes una historia tan distinta a la del resto de amigos que los primeros años te parece genial ser diferente. Lástima que esto solo dure unos meses cortos y el resto de tu vida la adopción te mantenga con la autoestima baja hasta algo más del final de la adolescencia, momento en el que ya te empieza a importar cada vez menos el resto de la gente.
  • No lloras con facilidad. Ya sea cuando ves una película triste o cuando te cuentan algo triste. Ya lloras suficiente por la adopción.
  • Eres una persona independiente en mayor o menor medida
  • Te vuelves intolerante con las personas una vez llegas a la edad adulta (Si, es muy positivo cuando te tocan las narices porque no le pasas ni una a nadie)
  • La sociedad comprende lo que es ser adoptado y por eso te incitan a hablar con normalidad. Después cuando le empiezas a contar los aspectos negativos te dicen que esa es tu experiencia únicamente.
  • Te vuelves un buen actor, de hecho tu vida es como estudiar arte dramático, porque en tu día a día dejas de lado la adopción y sonríes como si no pasase nada. Digamos que puedes salir de la etapa de dependencia económica con una profesión.
  • Empatizas con otros adoptados
  • Cuando tienes que debatir sobre adopción con personas que nada tienen que ver con la adopción puedes debatir con conocimiento de causa. Siempre ganas 😉
  • Cuando escuchas a alguien que no sabe de adopción hablar sobre ello es como si te contasen un chiste y dicen que reír alarga la vida.
  • Sabes como se sienten otros adoptados y parece que conocieses a los otros adoptados de toda la vida
  • Si nadie te ha explicado ni enseñado a entender arte contemporáneo por lo menos entiendes el arte contemporáneo de Abel Azcona.

 

Nótese la ironía a lo largo de todos los puntos.

He de decir que todo aquello que señalan siempre los adoptantes e instituciones sobre tener una familia, no estar en un centro, etcétera, no lo veo como aspectos positivos porque la adopción es una lotería gracias a la concesión de certificados de idoneidad fuesen como si estuviesen dando carnets de identidad por lo que tómese esto también como una “denuncia social” de que, a pesar de todo el papel y la burocracia, la facilidad con la que se dan dichos CI.

Volverán las entradas con más rock&roll como la anterior que tanto “gustó” (Si, entre comillas porque no hay más que ver en los comentarios donde las opiniones están divididas)

 

A los futuros adoptantes

Seguro que ya te habrán dicho que adoptar no será fácil, que lo difícil no termina cuando existe asignación sino que empieza así que, ¡para que te voy a decir más de lo que otros adoptantes te pueden contar! Sin embargo quédate un poco más en este espacio, quiero decirte algunas cosas.

Creo que nadie debe juzgar si será fácil o difícil desde el punto de vista del adoptante, menos aún una adoptada, pero si te diré:

  • Que la adopción duele, duele a quien adoptas, que aunque no quieras darte cuenta al principio, aunque cada historia sea diferente, todos los adoptados tenemos características comunes en el sentir.
  • Los primeros años suelen ser relativamente tranquilos para un adoptado, no te escudes en esa felicidad para pensar que tu adoptado no tendrá ningún problema emocional solo porque tú lo estás haciendo lo mejor posible, especialmente desde el punto de vista de los psicólogos, recuerda que ellos no son adoptados. Coge fuerza, aprende durante esos años, piensa que es una oportunidad que te da la vida para formarte.
  • Si te has decidido por la vía adopción por no poder tener hijos biológicos mira en tu interior y reconoce que debes superar ese duelo porque la adopción no es una forma de sustituir a un hijo biológico que no tendrás, aunque al final lo sea pero no debes transmitir eso al adoptado.
  • No tengas expectativas sobre quién y cómo será ese niño, sé consciente de que tiene una historia detrás, por pequeño que sea, y una carga genética muy diferente a la tuya, esa mezcla explosiva condicionará el niño que será y el adulto en el que se convertirá.
  • Escucha a otros adoptados adultos
  • Sé consciente de dónde adoptas, está demostrado que, especialmente en adopción internacional, algunos países tienen turbias historias detrás sobre falsos expedientes y tráfico “legal” de niños. Evitar eso es parte de tu ética y si hay una historia turbia detrás piensa como le explicarás cuando crezca ese niño que pusiste por delante tu interés por la paternidad/maternidad que por el propio niño.
  • No pienses en adoptar como un acto de caridad ni como un derecho a la paternidad/maternidad. Nadie tiene derecho a ser padre ni madre, solo el interés y el gusto de serlo.
  • No cambies el nombre del adoptado, es su identidad y ya de por si el sistema obliga a cambiar los apellidos que también forman parte de él
  • Nunca será demasiado pequeño para que le hables de adopción. Habla de adopción de la forma más natural, con cualquier miembro de la familia, normaliza esa palabra en la vida del adoptado, que no tenga miedo a sentirse diferente, a esconder su historia por vergüenza
  • Háblale de su historia hasta donde sepas pero no olvides eso, que es SU historia por lo que debe ser él/ella quien marque el ritmo de hasta donde saber.
  • Si tienes fotos de su familia biológica deja que pasen a formar parte de la decoración de tu casa, es su familia también
  • No te creas eso de “madre no es quien da a luz sino quien cría” por varias razones, no es tu vida y por lo tanto el adoptado decidirá a quien siente madre y a quien no, no es una competición y, perfectamente, puede consideraros madre a las dos, de hecho, si sabes acompañar bien al adoptado, será lo normal
  • Por pequeño que sea cuando llegue a casa recuerda que el vínculo entre padres, especialmente madre, e hijos se establece desde el embarazo así que esfuérzate por forjar ese vínculo, no lo des por hecho, aunque tenga incluso pocos meses de vida.
  • Escucha al adoptado pero no lo escuches solo oyendo sus palabras, interpreta, siente, ve más allá de lo que lo que diga, escucha con el corazón porque muchas sensaciones son difíciles de expresar.
  • Tendrá miedo a decepcionarte y a que lo vuelvas a abandonar por ello así que no prometas, demuestra con el día a día.
  • Cuida tus palabras, todo se puede mal interpretar y más un niño con una herida abierta.
  • Se sentirá un extraño en la familia, por muy bien que lo hagas, es algo que no podrás evitar, más tarde o más temprano o bien en varias ocasiones a lo largo de su vida, ni él/ella mimo/a sabrá quién es, necesitará que lo comprendas, sentirte cerca pero a la vez dándole su espacio para encontrarse a sí mismo/a.
  • Mantén contacto con otros adoptados, el niño/a que adoptes necesitará de iguales en su vida
  • Reconoce las heridas de la adopción, no las niegues, no son pocas.
  • Ten en cuenta que la adopción está viva así que mantente siempre en constante aprendizaje

Son muchas cosas las que podría seguir diciéndote pero creo que todo debe ser poco a poco, que lo más importante lo tiene aquí plasmado, no dejes de aprender sobre adopción conforme el adoptado va creciendo porque la adopción, como me gusta decir, es algo que está vivo y evoluciona, no solo en las personas sino también en los estudios que hay al respecto.

 

 

PD.: Esta publicación nace de una petición de una persona que lee lo escrito en este rinconcito, recuerda que tienes la pestaña de ‘contacto’ si también quieres sugerirme algún tema.

Una y mil veces

Déjame que te diga una y mil veces que te odio, que no te quiero, que no sois mis padres, déjame que te diga cuanto quiera sin coartar mi expresión, todo esto también forma parte de ese camino a encontrarme a mí misma, todo eso también forma parte de la adopción.

Déjame que no quiera tus besos y tus abrazos y déjame que no quiera tus “te quiero”, déjame que me exprese y te diga tanto como quiera decirte pero déjame que sea simplemente yo porque ese yo ni si quiera lo conozco.

Necesito encontrarme a mí misma, necesito conocer por qué soy como soy, que he aprendido y que he heredado, de donde he heredado y por qué he aprendido unos gestos vuestros y no otros.

Si, te faltaré el respeto una y mil veces diciéndote eso, no por las palabras pero si por las formas, acércate tranquilamente, háblame, dime que me entiendes, que quizá esa no fuese la forma de decirlo pero que mis palabras no te molestan porque entiendes que me sienta así, por encima de todo entiende lo que hay más allá de mis palabras. No serán pocas las veces que quiero escuchar de tu boca que nada va a pasar, que estarás siempre que te necesite, que puedo confiar en ti, que me sentiré de una u otra forma y que no tenga miedo a decírtelo porque necesito que me digas que me entiendes, que mis sentimientos son normales.

Mantengamos la cordura uno de los dos en esos momentos y, por favor, te pediría que fueses tu quien mantenga la cordura porque mis heridas aún están por cicatrizar y en ese proceso de cicatrización te gritaré una y mil veces que no te quiero, que te odio o que no eres mi madre/padre pero, como dice la canción de Rayden titulada A mi yo de ayer “Pide que te quieran cuando menos lo merezcas, posiblemente sea cuando más lo necesites”.

Un grito de guerra

“¡Quiero un perro!” esas palabras se habían convertido a mis 9 años en un grito de guerra, nunca mejor dicho, siempre con una negativa por delante.

Me siento sola, quiero poder abrazar y a hablar a ese ser de 4 patas que aun sin entenderme consuela cada vez que me siento triste y da compañía cada vez que me siento sola. No es un ser tan complejo como una persona, con ellos la vida es mucho más sencilla.

Ese perro tampoco se parece a ti ni a mí, ni a nadie de la casa, ese perro tampoco tiene a su mamá cerca, ese perro, sin embargo, se acurruca a mi lado cuando lloro sentada en el suelo. Todo eso pasaba por la cabeza de una niña de 9 años, por la cabeza de una niña de 10, de 11 y así sucesivamente hasta los 18. La respuesta desde el otro bando de esa guerra verbal era “No entra ni un perro en casa” o “Si entra un perro te vas tu”.

A veces al llorar abrazo un peluche y me imagino que es ese perro que tanto deseo, sin embargo y aunque parezca extraño, cuantos menos años tengo más miedo me dan los perros y cuantos más años cumplo menos miedo me dan los perros pero más miedo la soledad.

Algunos de los compañeros de clase tienen perros pero yo, a pesar de no tenerlo, creo que lo necesito, necesito sentir que me quieren sin importar nada de mí, necesito pensar que no voy a decepcionarlo si me ve llorar, necesito pensar que si lloro tendré alguien que no se separe de mí y que me deje abrazarlo hasta que el miedo y la soledad desaparezcan, no quiero un perro, necesito un perro.

Adoptantes reacios a los animales, entiendo que no los queráis pero necesito que entendáis que A VECES no es solo un capricho, necesito que entendáis que no quiero un perro sino que necesito un perro, un perro con quien vea mi historia reflejada, que me enseñe a querer a pesar de historias comunes, necesito no sentirme sola. Puede parecer un capricho como sucede a la mayoría de niños de mi edad y puede que lo sea o puede que no pero un perro muchas veces es más terapia que todos los psicólogos postadopción a los que me puedas llevar.

 

Miedo a equivocarse

Más allá de la adopción, tenemos nuestras virtudes y defectos. Más allá de la adopción nosotros también nos equivocamos. Es fácil de entender, no somos perfectos, incluso diría que tendemos a una mayor imperfección que el resto de los mortales a causa de nuestros miedos y secuelas por la adopción, el problema de esto es cuando sales al mundo, cuando vas creciendo y dejas de estar protegido.

Eres niño e intentas que todo lo que hagas sea hecho de la mejor forma posible, intentas que todo guste a todos, intentas que sea casi perfecto lo que salga de ti, si eso no sucede una negativa y extraña sensación te invade, a veces una sensación de decepcionar a los demás, de que te dejen de lado por no gustar, como si no tuvieses derecho a equivocarte, y poco a poco aprendes la lección y sabes que no tienes que gustar a todos pero la sensación no hay quien te la quite.

Creces, sales al mundo y entonces vuelves a las andadas, sabes que no tienes que gustar a todos, sabes que no todo lo que hagas tiene que satisfacer a todo el mundo, sin embargo cuando te equivocas, incluso con alguien a quien no conoces de nada, el malestar anímico invade tu cuerpo y tus sentimientos, la sensación de haberle fallado a alguien, a pesar de que a ese alguien no lo conoces, la razón sabe cual es la actitud que deberías tener y el por qué, el corazón dice otra cosa.

Cuando eres pequeño/a tienes miedo al rechazo por parte de los adoptantes, un miedo que aparece con cualquier equivocación, con cualquier mal hacer a pesar de que sea involuntariamente, miedo a que dejen de quererte. Creces
con esa sensación en el cuerpo que poco a poco consigues ir eliminando con personas concretas pero, de repente, un día, sin esperarlo, el demonio del miedo vuelve a ti aunque no conozcas a la persona, aunque racionalmente sepas que no debes sentir eso, se repite un patrón de una situación y el miedo incontrolable de cuando eras pequeño/a renace.

Aprender a vivir con la adopción a las espaldas duele, duele aunque seas parte de la mejor de las familias, un ‘ingreso’ en cuidados paliativos del corazón, eso es la adopción aunque, a veces, haga más daño que curación.

 

PD.: La referencia a cuidados paliativos es solo una expresión utilizada por el factor poético que aporta y cuya intención queda muy lejos de un paralelismo con los cuidados paliativos de enfermos terminales. Disculpas si alguien se ha podido sentir ofendido/a

Cuando la adopción NO es interracial

Mírame, mira quien soy, soy una persona que ha llegado a tu vida de una forma que no debería de haber sucedido. Mírame, tengo la piel blanca como tú pero sin ser tú. Me llevas de la mano, saludas a varias personas y una de ellas de repente señala que me parezco a ti y vosotros quedáis callados. Mira a esa mujer que pasea cerca de nosotros, también tiene el pelo castaño y es de piel blanca pero no por eso se parece a vosotros. No te calles ante tal injusticia, no silencies mi pasado, no asumas que me parezco a ti porque igual que aquella mujer no me parezco a ti a pesar de tener el pelo castaño y la piel blanca.

Afirman que me parezco a ti, yo no quiero, no quiero parecerme a ti, quiero parecerme a mí misma, con mi historia y mis problemas, con mis más y mis menos, quiero que seas tú quien levante la voz por mí la primera vez, quiero que seas tú quien diga que no me puedo parecer a ti porque soy adoptada, quiero que me hagas sentirme fuerte por querer mis raíces y que seas tú quien me diga afirmando mi origen frente a otros que no pasa nada por no parecerme a ti, que no quieres que sea como tú, que no quieres que copie tus costumbres y manías, tus defectos y tus cosas buenas, dime que simplemente quieres que sea yo, quiero que me lo digas no negando mi origen frente a los demás, quiero que me lo digas demostrando que siendo yo misma te hago sentir orgulloso/a.

Existe una fina línea entre invadir mi intimidad y decir que soy adoptada frente a cualquier otro por ello pregúntame primero, lleguemos a un acuerdo verbal, que sea pequeña, que esté en los inicios de mi vida no significa que no sepa que quiero, que me gusta y que no, pregúntame.

Al hablar de adopción interracial se habla de racismo, de los problemas por el evidente no parecido con la sociedad pero cuando sucede a la inversa, cuando nuestras diferencias físicas no son tan evidentes que niegues mi pasado o niegues mi historia frente a otros puede resultar tan doloroso como que remarquen mis diferencias de raza.

 

No solo me hables de adopción

No solo me hables de adopción

Enséñame todas las fotos que tengas

de todos los momentos que no recuerdo,

enséñamelas una y otra vez.

Si llegué siendo un bebé

Enséñame la ropa que me ponías,

Los vídeos que me grababas

cuéntame anécdotas de mi crecimiento.

Mis recuerdos, como los de otros niños, empezarán a determinada edad.

Intenta que no haya más huecos en mi vida

que los que genera la adopción.

 

Dame besos constantes y abrazos también

no pidas que te los dé.

Dime cuanto me quieres

No me preguntes cuanto te quiero a ti

Si me enseñas a abrazar, besar y decir “te quiero”

lo haré cuando lo sienta.

 

Llévame al cole, no dejes que me lleven por ti.

Llévame a las actividades extraescolares

y espera algunos días a que las acabe,

quiero que me veas

que me felicites al terminar

que no pongas excusas baratas para dejarme sola hasta terminar.

Dime al terminar que estás orgulloso/a de mí.

 

Necesito sentirte cerca

No solo tenerte cerca,

Te necesito a ti, todo tu tiempo posible

sin que delegues en otras personas.

Tu delegas por tiempo pero me haces sentir

que me abandonan una vez más.

 

No asumas que soy feliz

por aquello que me das,

hay cosas que me cuesta expresar

porque no encuentro las palabras

o porque pienso que no debo sentirlas

y las guardo dentro de mí.

Si me preguntas si estoy bien

y mi respuesta es un sí

no te quedes ahí

la costumbre puso esa palabra en mí.

 

No soy un bicho raro

Mira a tu alrededor, ¿cuántos adoptados conoces?, no me valen los conocidos que tengan hijos, primos o sobrinos o amigos adoptados, solo me valen los adoptados que conozcas en persona de verdad.

Muchos adoptados crecemos, igual que tú, sin conocer a otros adoptados, especialmente sin conocer adoptados en persona porque las redes sociales facilitan conocer a gente pero esto a veces no es suficiente. No tienes referentes físicos, no tienes referentes en la forma de ser y además no tienes referentes de otros adoptados.

Necesito sentir físicamente cerca, necesito poder abrazar a alguien que sea como yo, necesito cuidar y proteger a alguien que se sienta como yo, necesito sentirle emocionalmente cerca, necesito saber que siente, que piensa y entender que no solo yo me siento como me siento, necesito saber que no soy un bicho raro y necesito entender que lo que soy y lo que siento es normal sin que me lo diga alguien ajeno a la adopción.
Necesito saber que si un día me siento peor que otro en relación a la adopción puedo contárselo a alguien que de verdad me entienda, necesito saber que puedo confiar en alguien a quien por contarle las cosas no piense que soy desagradecida, que estoy loca o que tengo suerte por haber sido adoptada. Necesito que al contarle algo a alguien que no es adoptado/a no me diga entiendo que te sientas sola a mí también me pasa porque, sin infravalorar tus sentimientos, no es la misma soledad. Necesito simplemente tener una conversación con alguien que yo vea como igual, sin necesidad de que esa conversación sea sobre adopción. Quiero sentir que no soy un bicho raro.

Si no perteneces al mundo de la adopción no te extrañes con mis palabras, no creas que soy una excepción, escucharme puede hacerlo cualquiera, aconsejarme según lo que le cuento también pero no siempre es fácil expresar todo con palabras, ni si quiera es fácil explicar cómo es el dolor de la adopción porque, aunque suene extraño, a veces se siente dolor físico de verdad y, por lo tanto, si no logro expresarlo todo es difícil que me entiendas.

Si eres adoptante no te olvides de todo esto, no olvides que tus adoptados necesitarán tener cerca a adoptados, a iguales, para no sentirse, como reza el título de esta entrada, un bicho raro.

 

 

A mi futura pareja

Sé que no va a ser fácil que me conozcas, mucho menos que confíe en ti, probablemente tampoco sea capaz de decirte te quiero, especialmente al principio, e incluso tendré miedo de darte el primer abrazo o el primer beso.

Antes de conocerte necesito que sepas que probablemente me resista a quererte por miedo a que me hagas daño, probablemente sea una persona inexperta en el amor porque no todos están dispuestos a luchar tanto por una persona reacia a abrir su corazón como harás tú.

Todas las personas tienen miedos e inseguridades pero probablemente mis inseguridades sean un gran obstáculo en nuestra relación, ten en cuenta que dudaré de tus sentimientos, dudaré que de verdad me quieras, te lo diré y probablemente intente dejar la relación pero, por favor, lucha por mí, realmente te necesito. No será fácil para ninguno de los dos pero, por favor, no tires la toalla.

Además de que me disculpes por todo lo mencionado, quiero pedirte perdón porque puede que piense que mis planes no te interesan porque la propia adopción me hace tener la autoestima por los suelos con relativa frecuencia,
puede que ni si quiera te proponga acompañarme, la vida me ha enseñado a sobrevivir en soledad, eso no significa que me importes más o menos, sino que tengo que acostumbrarme a que alguien me demuestre que soy realmente importante para esa persona.

Por supuesto no todo es malo en la relación con un adoptado, cuando te quiera te querré sin medida, cuando supere la barrera de demostrarte mi cariño ni una sola noche irás a dormir sin haber escuchado o leído en un mensaje un nuevo te quiero mío, una vez te ganes mi confianza seré totalmente trasparente para ti porque mi coraza lo recoge todo, no tendrás que ir quitando capas, serás más importante para mí que yo misma, no te faltarán abrazos ni besos y, si decides seguir con esta locura de quererme a pesar de mi desconfianza, de mis miedos, de mis malos comienzos y de mis defectos como los que pueda tener cualquier persona más allá de la adopción, no te arrepentirás porque nunca he dado cariño con facilidad por lo que están las existencias casi al 100% listas para ti.

Que no sea fácil no significa que sea imposible

 

Solo es un nombre

Un papel, un papel firmado por todos menos por mi dice que sois mis padres. Una casa nueva, personas nuevas en mi vida, dependiendo de mi edad un colegio nuevo. Todo nuevo menos yo que a pesar de mi edad soy quien era antes de que ese papel estuviese firmado, probablemente incluso antes de que estuviese redactado.

Estás deseando de que diga las palabras que tanto tiempo llevas esperando, estás deseando de que te diga “papá” o “mamá” pero, por favor, déjame que sea yo quien decida cómo llamarte, no me impongas algo que objetivamente tiene tan poca importancia pero que sé que para ti es importante porque llevas tiempo luchando en este proceso pero para mí también es importante, es importante porque yo no me olvido de que ya tengo una mamá y que también tengo un papá de los que la vida me ha alejado por las razones que sea. Eres un adulto, yo tan solo un niño/a y si me impones, aunque sea inconscientemente conforme aprendo a hablar, que te llame “papá” o “mamá” puede que en el futuro eso me duela si no te siento como tal. No me importa llamarte así pero déjame las puertas abiertas a llamarte por tu nombre, recuérdame cada día que puedo llamarte como quiera, hazme mirar dentro de mí para saber si te siento mi padre o mi madre, pregúntame que significan para mí esas palabras, hazme salir de la monotonía que hay detrás de un nombre, ayúdame a entender mis sentimientos hacia ti, haz que no llegue a la adolescencia o la edad adulta y descubra, en ese momento, que llamarte “papá” o “mamá” me hace daño.

Solo quiero que descubras que la forma en que te llame no va a hacer que te quiera más o menos, solo va a hacer que me duela más o menos mi adopción, déjame que sea yo quien decida si para mi eres mi padre o mi madre o tu figura es más cercana a la de un tutor legal cuya diferencia, para mí, reside en el nombre.

Ayúdame a ser feliz, a que seamos felices juntos y a que la adopción sea lo menos dura para mi, no a establecer una relación por el nombre que nos damos el uno al otro.