La otra pieza del puzle

Aunque no lo creas a veces también me acuerdo de ti, aunque no lo creas me pregunto tantas veces si alguien te dijo que nací, si, en caso de saber que existo, te explicaron que no me volverías a ver, que no me verías aprender a hablar, a andar, mis primeros días de colegio, mis graduaciones en institutos, mis primeros trabajos o mis primeros besos, aunque no lo creas a veces también pienso en ti.

También soy parte de ti, de todo lo que tienes de bueno y de malo, de tus virtudes y tus defectos, aunque pocas veces te tengan en cuenta también soy parte de ti, otra de las piezas perdidas de mi puzle, papá.

 

 

Padres adoptivos, ellos también son parte de nosotros, quizá con menos peso en nuestra mente por el lazo que nos une a las madres biológicas pero no dejan de ser una parte también de nosotros, de nuestra genética. No olvidéis que no dejan de ser una pieza de nuestro puzzle, de nuestra historia de vida.

 

Cuando cuento cuanto duele

Hoy quiero hablarte a ti que dijiste que nada duele más que el desamor de la pareja, hoy quiero hablarte a los ojos pero no sé dónde te escondes, quiero contarte algo que, por suerte, solo sabemos unos pocos, quiero contarte que hay algo que duele mucho más. No te extrañes por haber dicho “por suerte” porque es una suerte, es tu suerte, que ese haya sido el mayor dolor de tu vida. Déjame que te hable de dolores del alma.

Déjame que te hable de cuanto duele llorar en silencio cuando te falta un abrazo, déjame que te cuente cuanto duele que el primer abrazo llegue tarde o que sientas que no estás en el lugar que te corresponde. Imagina cuanto puede doler crecer sabiendo que eres tan diferente como para no saber quién eres o que, algo que puede resultar tan simple como mirarte al espejo y no saber por qué eres más alto o más bajo, por qué tienes los ojos marrones o verdes, el pelo castaño o pelirrojo o la nariz más chata o puntiaguda, no sabes lo que duelen esas conversaciones cuando un amigo dice que se parece a su padre o a su madre, que pueden compartir actividades con ellos o que sus aficiones son tan parecidas que comparten ese tiempo juntos porque en la adopción, a veces, da la casualidad, da la coincidencia, pero a veces no. Intenta entender cuanto duele no saber tu historia, ni sus razones para no tenerte con ellos, que vivimos tan deprisa que pocos son capaces de valorar el lazo que les une a sus madres y que, por ser adoptados ese lazo se estiró, se estiró tanto que duele. Intenta imaginar lo que duele que la gente no entienda lo que sientes, que pocos son los que quieren escucharte porque a veces, como en matrix, abrir los ojos a la realidad puede ser doloroso. Imagina que sientes que llegada a cierta edad te cuesta confiar en la gente, que esa desconfianza no te deja querer, no te deja amar lo suficiente en el tiempo normal que la gente suele amar.

Quizá no sepas, y por eso dices que no hay nada como el mal de amores, que entender la propia historia conduce, en muchas de las ocasiones, a pensamientos suicidas llegando a veces a intentar quitarse la vida, ¿cuánto tiene que doler la adopción para llegar a ese punto? Puedo seguir contándote que duele despertar con pesadillas por el miedo a la soledad, al reabandono o despertar simplemente con nerviosismo, sin recordar las pesadillas, sin entender nada pero sabes, por algo que te dice el corazón que ese nerviosismo tiene que ver con la adopción, duele tener sueño y no poder dormir por la misma razón que te despiertas. Duele tener ansiedad en momentos puntuales porque muchas cosas a tu alrededor te recuerda que eres adoptado. Duele el miedo a decepcionar a los adoptantes, a dañarlos porque la sociedad te dice que estás en deuda con ellos, duele que nieguen que te sientes así solo porque cuesta aceptar que alguien a quien quieres puede estar sintiéndose igual pero si de verdad quieres no niegues, acepta y ayuda a sanar las heridas.

Imagina, solo imagina que a veces duele más la vida que un desamor.

El nuevo tabú de la adopción

A estas alturas dicen que hay libertad para hablar de adopción, a estas alturas dicen que nadie silencia a nadie y que la adopción ya no es un tabú, a estas alturas dicen tanto que no comparto sobre una falsa libertad que a veces pienso que solo yo voy a contracorriente, hasta que hablan otros adoptados.

En primer lugar te encuentras a tus amigos que quieres decírselo pero sabes que, estando como está la sociedad en su conjunto respecto al conocimiento sobre adopción probablemente no te entienda o banalicen tus sentimientos, una vez se lo cuentas a alguno, tras el bum de las adopciones de la primera década de los años 2000, probablemente te digan algo así como “pero eso es muy normal a día de hoy, yo tengo o yo conozco a (nombre/parentesco) que es adoptado/a” y entonces una parte de ti respira aliviada, sientes libertada para hablar de ello hasta que empiezas a contar sentimientos negativos y te dicen que no se lo digas más porque no quieren pensar que X está o vaya a pasarlo mal en algún momento, aunque sea solo durante la adolescencia por una búsqueda de la propiedad identidad que todas las personas, adoptadas o no, pasamos. Después de esto llegan los grupos de los que más me preocupa la censura, otros adoptados con heridas sangrantes sobre la adopción que se niegan a admitir que la adopción suponga un dolor emocional para ellos (aclarar que aquí no pretendo incluir a todos los adoptados, solo a los que se definen en la frase y que se identifiquen con la misma), por último encontramos a adoptantes que consideran que son unos perfectos padres adoptivos capaces de eliminar al 100% cualquier consecuencia de la adopción en sus hijos aun sin preguntarles, no aceptando sus emociones y sentimientos al respecto y no aceptando lo que tantas veces digo, que la adopción duele o aquellos adoptantes incapaces de hablar sobre adopción, más allá de no ocultar el hecho, convirtiendo, dentro de la propia familia, la adopción en un tema tabú.

No es la adopción el único tema con el que sucede pero creemos ser libres, vivimos en una libertad solo aparente

pero simplemente el tabú se ha trasformado, ha dejado de ser un tema sobre el que no se puede hablar en ningún caso porque eras juzgado por algo ajeno a ti a ser juzgado por los sentimientos o emociones que algo ajeno a ti produce en una gran mayoría de personas que se ven en la misma situación. Si tuviese que proponer una solución, que existiese un día con una celebración por la adopción en España, un día que no pasase sin pena ni gloria como cualquier otro sino que se hicieses actividades que visibilizasen una realidad aun muy silenciada desde el punto de vista de los adoptados ya que, sin intención de que nadie se moleste, los adoptantes tienen/tenéis toda esa visibilidad ya que la prensa habla de la adopción, generalmente, desde el punto de vista de adoptantes, los comentarios en las redes sociales son desde este mismo punto de vista, etcétera, una voz que no pierde importancia pero si que entierra la voz de adoptados bajo una única perspectiva.

Vínculo y apego

En el mundo adoptivo se habla mucho del apego y de la necesidad de que el adoptado tenga un buen apego pero, ¿qué hay del vínculo entre la madre biológica y el hijo que tanto pasa desapercibido?

Por medio del apego tengo la impresión de que lo único que se intenta hacer es sustituir el vínculo natural existente entre la madre y el hijo. El vínculo entre una madre y un hijo es inigualable, insustituible, quizá con más fuerza en unos adoptados que en otros pero presente en todo ser humano.

Cuando se presenta la situación de definir algo como el vínculo creo que la mejor respuesta se encuentra en el corazón, dicho esto defino el vínculo como una conexión insustituible, inigualable e incomparable entre un hijo y una madre, e incluso un padre que esté desde el minuto cero de gestación, por lo tanto, el corazón me dice que el vínculo tiene un gran componente biológico por el simple hecho de formarse desde el momento de la gestación. En adopción, como decía anteriormente, se habla mucho de apego y poco de vínculo pero creo que la primera forma de respetar a un hijo adoptivo es respetar e incluso favorecer el fortalecimiento del vínculo entre madre biológica e hijo a pesar de no estar presente por medio de lo evidente como hablar en positivo de ella y no intentar sustituir dicha relación.

Más allá del vínculo, cada vez que se habla de apego lo primero que me trasmite esa palabra es dependencia de la figura adulta, adoptante en este caso, pero no veo nada de positivo a crear una dependencia emocional de un adulto que inicialmente es un auténtico desconocido ¿No se puede amar y crear amor sin dependencia emocional?

“La historia de Ernesto” y “Soy adoptado”

Es curioso cómo tanto la prensa como los libros existentes sobre adopción tienen mucho desde el punto de vista de adoptantes o desde el campo de la psicología. A lo largo de mi vida solo he tenido 2 libros sobre adopción entre mis manos y ambos libros y hoy quiero hablaros de ellos desde mi punto de vista.

El primero fue de los primeros libros de mi vida cuando aprendí a leer, su nombre es “La Historia de Ernesto”.

El libro se desarrolla con la historia de un niño adoptado que cada año, coincidiendo con el aniversario de su adopción, le cuentan de nuevo la historia sobre su adopción y la celebran.

En aquellos momentos lo leía y no me decía nada malo, aunque tampoco lograba identificarme con Ernesto, sin embargo recientemente volví a leerlo y me pareció un libro bastante detestable ya que en él se celebra lo que se conoce en EE.UU como el Gotcha Day.

¿Qué es el Gotcha Da? Fácil, es el día en el que se celebra la llegada del niño a la casa donde es adoptado y me parece detestable porque, si bien es cierto que es una celebración del día en el que los adoptantes se hacen padres, incluye la obviedad de que para poder celebrar el Gotcha Day alguien ha debido de ser abandonado y celebrar algo así me parece bastante detestable.

El segundo de los libros que me he leído ha sido de forma bastante reciente, hace tan solo dos meses, su nombre “Soy adoptado” y cuenta, desde el punto de vista de la psicología como nos sentimos los adoptados aunque, eso sí, incluye intervenciones de los mismos adoptados que acuden a la consulta de quien realiza el libro, mezcla tanto experiencias de adoptados cuya relación con sus familias es buena como historias de adoptados cuya relación con su familia es mala.

Mi crítica hacia este libro es que, a pesar de contar con las intervenciones de los

adoptados, hay, a mi parecer, pocas intervenciones y además es un libro expresado desde el punto de vista de la psicología en su mayoría.

 

En conclusión que aún no he dado con un solo libro que realmente me satisfaga al 100% con la experiencia de adoptados aunque si tuviese que recomendar alguno por ser el que más se acerca sería el de “Soy adoptado”.

El tamaño si importa

Creo que pocas cosas se mantienen tan inestables a lo largo de la vida de un adoptado como pueden ser las ideas sobre adopción.

Si tuviese que mencionar las dos frases que más me dicen los adoptantes serían “No todas las adopciones son iguales” y “mi hijo no piensa sobre ese tema de esa forma” y es que, como decía en el párrafo anterior, no conozco nada más inestable que las ideas sobre la adopción en un adoptado.

Hay algo que es evidente y es la evolución madurativa de todo niño/a conforme va creciendo y, por supuesto, las ideas van cambiando en todos los aspectos y la adopción no se queda atrás. Ideas que evolucionan desde mil preguntas sin respuestas, conformismo, odio, aceptación, interés por la búsqueda, etcétera. No he pasado por todas, o quizás sí pero sin darme cuenta, pero sí que todas las he visto y reconocido en personas de más edad y de menos.

Volviendo a esa frase de “mi hijo no piensa sobre ese tema de esa forma” creo que habría que analizar distintos factores y el primero de ellos, por supuesto, es el de la edad, seguido de otros tantos factores pero creo que no se puede comparar, en ningún aspecto de la vida, a un niño de 10 años con un adolescente de 16, es por ello que muchas de mis publicaciones parecen expresar ideas “infantiles” o con poco trasfondo, no es que no sea yo capaz de llegar a un mayor trasfondo con el tema sino que trato de focalizar mi atención en la forma de pensar que yo tenía a determinada edad.

¿Conclusión? El tamaño, los centímetros que vamos midiendo conforme crecemos, si importa.

Vuestro duelo

Hace algunos post, una persona me decía en un comentario que no se tiene que pasar un duelo de alguien que no ha nacido pero discrepo, discrepo porque la sociedad, desde el primer momento nos enseña que lo “normal” es tener hijos biológicos, además del gran factor social también está el factor biológico, instintivo en favor de la reproducción, más latente en unos o en otros pero existente y una prueba de ello son las nuevas formas de ser padres como la fecundación in vitro o la gestación subrogada. El simple hecho de pensar, venga de donde vengan las influencias, en un futuro hijo implica recurrir mentalmente a la biología en la mayoría de los casos y, aunque ese hijo que alguna vez imaginamos no llegue a nacer, ni si quiera a ser concebido, alguna vez estuvo en nuestra mente y eso, también requiere de un duelo que de una u otra forma afecta al hijo adoptado.

A veces el duelo es tan solo no tener expectativas sobre quien en algún momento llegará a casa pero cuando el hijo biológico llega a ser concebido, hay abortos o fallecimientos de por medio, la cosa se complica, se complica incluso para el adoptado, especialmente en el último de los casos. No voy a ser yo quien niegue el dolor de alguien pero creo que no se puede ayudar a sanar la vida de nadie sin sanaros primero a vosotros mismos. La sociedad nos hace sentir a los adoptados como hijos de segunda clase y en los casos en los que los adoptantes no han sido capaces de superar el duelo esto se ve reforzado, aunque parezca que no nos damos cuenta, la actitud de alguien que no ha sido capaz de superar el duelo no deja de quedar reflejada en la actitud y en la forma de interactuar con los hijos.

Es mucho más evidente la necesidad de un duelo cuando se producen uno o varios abortos o cuando se sucede un fallecimiento pero eso no implica que en los casos en los que no se puede llegar a la concepción no sea necesario un duelo, tal y como comentaba la persona que mencionaba al principio, pues aunque no haya existido concepción ha existido una ilusión, una imaginación previa de cómo sería ese hijo/a, las consecuencias de no realizarlo son difíciles de llevar al plano verbal pero es evidente que quedan reflejadas en la forma en la que se interactúa con el menor.

¿Reconciliándome con la adopción?

Gracias, gracias por enseñarme a darle una oportunidad a la adopción, gracias por enseñarme a creer que puede haber personas capaces de luchar lo suficiente por nosotros, por los adoptados. Antes de que él sea consciente de todo, te voy a dar las gracias de su parte.

Aunque me hayas enseñado a darle una oportunidad a la adopción no implica que yo baje la guardia, como se suele decir, o que deje de ser crítica con el mundo adoptivo en general, desde las instituciones a las familias adoptivas, simplemente es una reafirmación de qué, de los tantos y tantos certificados de idoneidad que se dan mal puedo decir que con el tuyo acertaron.

Intuyo que no te gusta ser imagen de nada, ni ejemplo para nadie pero yo sí creo que así deberían de ser todas las adopciones, con tu lucha y con el esfuerzo, con la focalización en las cosas importantes porque lo poco que he visto me hace estar convencida de que, de verdad, él está en el lugar adecuado y con la persona adecuada a falta de no poder estar con la familia biológica.

Gracias por dejarme ser parte de vuestro presente y espero que, en mayor o menor medida, pueda ser parte de vuestro futuro aunque las circunstancias nos alejen geográficamente.

Quizá alguien más se sienta identificado con estas palabras pero no es esa la intención, no es esta una reconciliación con todos los adoptantes, ni con todo el mundo adoptivo, creo que la sociedad en conjunto y específicamente los adoptantes aun tenéis mucho que aprender de adopción y si, como me hicieron entender en un comentario hace algunos post estas palabras pueden dar a entender que os tomo por tontos nada más lejos de la realidad porque simplemente, por muchos cursos y libros de psicología, sin intención de desmerecer, que podáis leer no dejan de ser desde el punto de vista de la psicología, de una ciencia y no de la experiencia y ya hay un dicho que lo expresa “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, más sabe el adoptado por la experiencia de ser adoptado que el psicólogo por haberlo estudiado.

Creo que no hay canción que pueda ser más apropiada que esta del grupo Morat

¿Quién es quién?

Ha llegado un punto de la historia de las redes sociales y de internet en la que padres e hijos cuentan con perfiles en sitios como Facebook, redes sociales en las que comparten fotos juntos y, ese volar la imaginación de “¿Cómo serán mis padres?” “¿A quién me pareceré?” o similar se traslada a las mismas, se traslada al ver el reflejo de los padres en los hijos que, ya sea una parte u otra, tienes agregados a las redes sociales, hablo, por supuesto, desde el punto de vista de adoptada.

Quizás sea solo algo mío, o no, ya que es algo que no he hablado con otros adoptados, pero hace ya varios años, bastantes, que se convirtió en una obsesión el encontrar los parecidos entre padres o hijos en dichas fotos, eso mismo que todo adoptado hace o ha hecho cuando andaba por la calle o cuando veía alguna foto del álbum de la familia adoptiva pero ahora extrapolado a las redes sociales. La mente es incapaz de descansar, quizá hacen más dura la adolescencia porque esas dificultades y ese “volar” la imaginación que antes se encontraba tan solo por la calle, ahora lo encuentras por todos lados. No puedo afirmarlo con rotundidad pero si que, bajo mi punto de vista, diría con un 60% de seguridad que, a pesar de los avances que se dan en materia de adopción, a pesar de la creación de blogs, quizá como este o quizá no, pero que resulte de ayuda a adoptantes para entender a los adoptados, las tecnologías también han hecho más dura la adopción para los adoptados por el punto de vista que digo.

Sin embargo no todo de la evolución de las tecnologías iba a ser malo, los blogs están al alcance de cualquier adoptado, los blogs están al alcance de sentirse identificado, de encontrarse consigo mismo, de descubrir que, quizá no se parezca físicamente como los padres e hijos de las fotos de Facebook pero se parecen, de algún modo y en algunos aspectos, a otros adoptados, de sentirse reconocido/a en las voces visibles de quienes usamos estos espacios para hacer ver que la adopción, por muy bien trabajada que esté desde el punto de vista adoptivo, no deja de ser, aunque sea solo en etapas concretas, una dificultad más en la vida.

A pesar de todo, si pudiese decidir, me quedaba con una adopción en un mundo tecnológico y de social media como es este en el que vivimos.

 

Cambios

La vida no es estática, para nadie nunca se mantiene igual, sencillamente se van produciendo cambios y esto no es ningún secreto pero, ¿cómo nos afectan los cambios a los adoptados?

Partiendo de lo que siempre pongo por este pequeño rincón de internet de que cada persona es diferente esto quizá tenga más que ver con este tema porque hay personas a las que no le gusta los cambios, a otras que sí pero, siempre que he conocido a personas inseguras los cambios le gustan si los hacen ellos, no si se los hacen terceras personas, independientemente de ser o no adoptados.

En el caso de los adoptados los cambios producidos por terceras personas nos generan inseguridad, desconfianza, independientemente si nos gustan o no que se produzcan cambios en nuestras vida. La incertidumbre hace aflorar nuestra alarma contra un posible abandono, abandono que no siempre viene de la mano de una imagen estereotipada del abandono, es decir, el momento en el que amigos deciden cambiar de planes a falta de pocos minutos para irte de casa, ese amigo que no te habla en mucho tiempo, esos mensajes que escribes y nadie contesta, etcétera. Pero esto no solo lo llegan a producir, involuntariamente por supuesto, personas ajenas a nuestra historia de vida como pueden ser amigos sino que también lo producen, producís, muchas veces adoptantes por medio de decisiones o cambios que no nos esperamos, sin justificación ni explicación que nos haga minimizar los efectos de esos cambios. La razón es capaz de procesar la información, de asimilar que, por la razón que haya sido, se cambian los planes o incluso intenta disculpar a ese amigo que no te habla en mucho tiempo o que no contesta a tus mensajes con un “estará ocupado”, sin embargo el corazón no dice lo mismo, el corazón te hace sentir sola, el instinto del miedo a la soledad despierta como un lobo hambriento.

No sé de psicología ni de pedagogía pero si sé que me hubiese gustado sentir en esos momentos, primero de todo una persona que me ayude a reconocer esos sentimiento, que ayude al adoptado a analizarse a sí mismo, creo que es el primer paso para poder expresarlo y aceptarlo, esto no lo veo como una gran dificultad ya que con una conversación, con preguntas que hagan replantearse los sentimientos esto es posible y en segundo lugar gestos que alejen el sentimiento o la sensación de soledad, gestos como un abrazo o una actividad improvisada que nos distraiga del pensamiento y sensación de soledad, quizá unas risas o, simplemente dedicación de un poco de tiempo.