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No somos valientes

Dicen de los adoptados que somos valientes, dicen que tenemos el coraje para enfrentarnos a nuestra propia historia, dicen que somos personas fuertes, dicen tantas cosas que no creo que sean verdad.

No, no soy ni valiente, ni fuerte ni tengo coraje porque yo no elegí tener la historia de vida que tengo. No, no lo soy, no lo somos porque lo único que intento es estar menos rota de lo que he estado el resto de mi vida, solo intento recomponerme pero no he elegido nada de lo que me sucede ni me ha sucedido, no elijo enfrentarme a ello solo elijo intentar que me duela lo menos posible y eso no me hace valiente, ¿o acaso alguien que sufre una caída es valiente por dejarse curar? Tampoco soy fuerte porque he llorado durante muchas noches seguidas, he querido morirme para dejar todo atrás, para tener que dejar de pelear contra mi propia historia, por eso no soy fuerte porque si al final sigo aquí luchando por mi historia es por las personas que me empujan a seguir y eso, eso no me hace fuerte, eso solo significa que tengo personas fuertes detrás mía que me aguantan con cada caída y me ayudan a levantarme, eso si es la fortaleza, aguantar cada envestida y cada caída cuando ni si quiera eres tu el que enviste y el que fracasa porque que fácil sería quitarse del camino como otros ya hicieron. Ellos si son fuertes. No soy fuerte pero sigo en pie porque hay algo más allá de la adopción que me motiva a seguir dando pasos por pequeños que sean porque en ese otro camino me dicen que soy persistente y no soy persistente porque sí sino porque es mi distracción frente a tantas horas de dolor.

He escuchado miles de veces en los últimos años sobre todo esas dos palabras, fuerte y valiente, dos palabras con las que no me identifico, dos palabras que cada vez que las escucho me hacen sentir más débil porque puede que para algunos sea fuerte y valiente o puede que no sean las mejores palabras para definir mi lucha, nuestra lucha, la de la mayoría de adoptados, pero si queréis usar esas palabras hay que comprender que no lo soy, que no lo somos porque nosotros no elegimos enfrentarnos a esto en la vida, porque no elegimos nacer en esas circunstancias que nos llevaron a la adopción porque no elegimos nada ni si quiera enfrentarnos a nuestra propia historia porque es la propia naturaleza del ser humano la que le hace enfrentarse a su propia historia y conocer sus orígenes aunque algunos tengamos que empezar por los orígenes más próximos sino, ¿por qué existe la historia si no es porque el ser humano tiene la necesidad de conocer sus orígenes?

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No soy sincera

A veces quisiera ser sincera, quisiera no tener que mentir pero para ello tendría que no ser adoptada y diréis ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

Para ser sincera cuando me dijesen que es lo que menos me gusta no diría el invierno, por ejemplo, diría que me cambiasen el nombre pero tendría que explicar demasiadas cosas que a veces no me apetece explicar.

Si me dijesen que me gusta menos de mi no diría un rasgo físico sino esa desconfianza que no deja que me deje querer.

Si me preguntasen por mi lugar favorito no diría una ciudad ni un lugar geográfico, diría los brazos de alguien especial.

Cuando preguntan a quien me parezco, no es una mentira pero tampoco una verdad completa, no tendría que decir que no lo sé. Porque no, tener corazón como reza la imagen no me hace parecida a nadie.

Cada vez que veo a alguien quererse no diría que me encanta, diría que lo odio porque me recuerdan que la mayoría de mis días no me siento querida y los envidio.

Situaciones cotidianas simples que recuerdan cada día que la sociedad no sabe que es ser adoptado.

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Con la salud no se juega

Dicen por ahí que no se juega con la salud, sin embargo, tengo la constante impresión de que juegan con mi salud y la de todos aquellos que como yo son adoptados. Juegan desde las administraciones que se niegan o se olvidan de la importancia de la genética en según que enfermedades, juegan con la salud emocional y mental cuando nos niegan que adoptados formen a adoptantes desde las administraciones, antes de la propia adopción, etcétera aunque esto de la salud mental y emocional daría para otra publicación.

Centrados en la salud física no son conscientes de la importancia de la herencia genética pero ¿sabéis qué nos atormenta más? Llegar a una consulta sea de lo que sea y se produce esta conversación:

-Bueno cuéntame, ¿antecedentes médicos familiares?

-No lo sé, soy adoptada. (Y pensar por dentro: ojalá pudiese contártelos)

Al menos esta es mi perspectiva hablando hasta la edad que tengo, quizás conforme pasen los años cambie la perspectiva.

Esto ya me lo había planteado muchas veces porque situaciones incómodas se producen también con conocidos cuando hablan de algún problema de Salud heredado familiarmente pero hace un par de semanas una situación de estas me hizo que se parase el tiempo.

Cerca de las 4 de la madrugada, un local de copas, una cachimba sobre la mesa, música y una charla distendida con una amiga sentadas ambas en un sofá, ¿la situación no podía ser más idílica, verdad? Ella me contaba los Km que hacía de deporte a diario y que llegado a cierto punto dejaba de andar y empezaba a correr cuando me dijo:

-Pero no puedo correr mucho porque tengo un soplo en el corazón.

-¿y eso cómo se sabe?

-Bueno yo me hice las pruebas porque mi familia paterna tienen algunos.

El mundo se detuvo, se congeló el tiempo y por unos Segundos hasta dejé de oír la música. Creo recordar que sacudí la cabeza o me imaginé hacerlo, me había quedado bastante congelada. Hacia tiempo que no vivía algo igual.

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Hermanos de experiencias

Hay miles de formas de ser padres adoptivos, miles de formas de actuar, unas más acertadas que otras pero si me preguntasen que es lo que nunca debe de faltar en la vida de un adoptado desde buen pequeño, además de saber que lo es por supuesto, sin duda es la relación con otros adoptados.

Poca gente es capaz de entender las emociones que produce la adopción y es por ello que conforme el adoptado crece va callando y callando frente a los iguales, sólo aquellos que han pasado por lo mismo, otros adoptados, logran que esto deje de ser un secreto un secreto que, como digo, llega a serlo por la falta de comprensión.

No son pocas las veces que he desistido de hablar sobre adopción con quien no lo es pero para compensar la balanza nunca estuve cara a cara con otros adoptados hasta hace pocas semanas y es en ese momento en el que te das cuenta que puedes hablar sin más de tu adopción, sin que te juzguen y sin miedo a que no te entiendan, hablar sobre búsquedas de orígenes, sobre trabas administrativas o, simplemente, hablar sobre el día a día y sentimientos que te produce la adopción pero sin hablar de adopción, ¿vaya lío verdad? En realidad no tanto, esa sensación de abandono cuando de imprevisto se caen unos planes, la necesidad de prepararlo todo… eso también es adopción.

¿Un consejo? Para los padres adoptivos rodearse de otros padres adoptivos y adoptados de distintas edades, tanto de la misma de los hijos adoptivos propios como mayores. Para los adoptados adultos conocer, si aún no lo habéis hecho, a otros adoptados.

Es curioso como cuando eres un adulto adoptado y tienes en tu entorno adoptados menores sientes la necesidad de cuidarles, protegerles y estar a su lado, al menos a mi me ha pasado y me pasa. Quizás conocer la soledad en compañía, el dolor del abandono, la pena del vínculo roto te vuelve experto consejero y compañero para quien aún está descubriendo todos estos sentimientos porque descubrir a veces duele más que vivir con ellos ya que llega un punto en el que aprendes a vivir con esos sentimientos aunque sigan doliendo.

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Recuerdo agridulce

Hace un año de mi graduación en la universidad, un momento que jamás olvidaré por los sentimientos que me produjo, son pocas las personas con las que hablé sobre esto durante este año pero hoy, después de ver las fotos de compañeros un curso por debajo graduándose todos los recuerdos se me vienen a la mente. Quizás penséis que no tiene nada que ver esto que os cuento pero os invito a seguir leyendo.

Aquel día se suponía que era un día para disfrutar, para hacerme muchas fotos con compañeros que es probable que ni si quiera volviese a ver, un día que debía de tener un sabor dulce y no amargo pero una vez más los sentimientos de la adopción se apoderaron de mi, me sentía con miedo, mucho miedo, y no, no era un miedo por lo que estaba por venir, era un miedo por sentirme señalada, observada, me sentía avergonzada, avergonzada por la diferencia física tan notable con la familia, avergonzada por mi historia, por tener una historia diferente, aunque muy probablemente esa vergüenza tuviese que ver con una expresión del miedo. Terminó el acto e insistí en irnos, irnos cuanto antes, una fecha importante más con un sabor agridulce donde se mezclaron miles de sentimientos.

Probablemente haya muchas personas que no lo entiendan y esa es precisamente la razón por la que he tardado hasta un año en escribirlo, probablemente jamás lo hubiese contado pero fue el momento en el que hará casi 2 meses un amigo mientras se lo contaba, antes de expresarle dichos sentimientos él mismo fue capaz de verbalizar lo que os acabo de contar, yo misma sabía ponerle palabras pero sentía que nadie lo podría entender, el día que él pronunció la palabra que yo no me había atrevido a pronunciar delante de nadie me hizo ver una luz.

Os cuento esta anécdota porque, si escarbáis un poquito, si no os quedáis en la mera anécdota, entenderéis que un acto público pueden ser como millones de cuchillos atravesando el alma de un adoptado, como digo es algo que puede ser, no que lo sea necesariamente, en mi caso insistía, insistía en irnos de allí, en que no quería hacerme más fotos hasta el punto de que días después me enteré que todos se habían hecho una foto grupal en la cual yo no estaba.

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Ansiedad y adopción

Hará cinco años que empecé a validar mis sentimientos, a reconocer que lo que yo sentía respecto a la adopción tenía más valor del que nunca le di ni nadie le había dado. Nada de esto ha sido de la noche a la mañana sino un largo proceso, un proceso que probablemente no haya terminado, pero quiero hablaros sobre la ansiedad que durante estos años me ha producido la adopción.

Durante algunos años podía ser la hora que fuese, tener el sueño que tuviese que era incapaz de dormir, me costaba mucho y dormía poco, me despertaba en medio de la noche, sin pesadillas pero alterada nerviosa, tensa, igual que antes de dormirme, nerviosismo, miedo, tensión… ni si quiera sabía ponerle nombre, ni si quiera sabía si llamarlo ansiedad. Diría que eran ciclos pero hará aproximadamente un año después de varios meses con dichas sensaciones, tras volver a la biblioteca a seguir estudiando tras comer, estaba preparando mis apuntes a la par que le daba vueltas a ciertas cuestiones de adopción que me afectaban a pensamientos, etc cuando, sin si quiera darme cuenta poco a poco me fue empezando a costar respirar, a sudarme las manos… intenté ponerme a estudiar pero era incapaz de concentrarme, recogí, fui a dar un paseo y más de media hora después aun sentía flojera y, aunque ya respiraba con algo más de normalidad, aun sentía bloqueo mental.

Os preguntaréis como sé que aquellas noches sin dormir eran a causa de la adopción y, la verdad, ni siquiera soy capaz de explicarlo pero sabía que era por eso, como cuando sabes que has suspendido o aprobado un examen. Aunque de alguna manera creo que esa fue una nueva forma de exteriorizar lo mismo ya que desde bien pequeña me he mordido las uñas o, ya de más mayor, he tenido problemas con la comida.

Vivimos en unos años en los que ciertos estudios mencionan el aumento de los casos de personas con ansiedad por diversas razones pero, al menos yo, no he leído nunca de que la adopción sea una de esas razones y con este post solo busco dar visibilidad a ello, a algo que, por pocos casos (o muchos) en los que sucedan, es una realidad.

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Ahora que llega el final de curso

Se acerca el final de curso, las notas de verano, vacaciones, aprobados, suspensos, notas no todo lo altas que os gustaría…

Cada año lo mismo, recibo mis notas, abro el sobre en el que vienen metidas y las leo detenidamente, después de meses de un gran esfuerzo por concentrarme, de un gran esfuerzo por retener información que me es imposible retener, de mil lagrimas de frustración al ver los suspensos en mis exámenes, después de todo eso, el resultado no es tan malo, después de todo eso en mi caso, salvo un verano en secundaria y uno en bachillerato, no toca estudiar durante los meses de más calor, es cierto que mis notas tampoco son grandiosas, es cierto que rozan el aprobado y algún 6 sobresale con gran alegría para mí, sin embargo al pie de mis notas rezan algunas palabras escritas a mano y junto a tu firma, profesor/a, unas palabras que expresan que, según tu, podría esforzarme más, que mis notas podrían ser mejores.

Llego a casa y te escucho, papá/mamá, decir que me tengo que esforzar más, que sabes que puedo sacar mejores notas, que los hijos de tus compañeros tienen varios sobresalientes y el resto notables y me das lecciones, lecciones sobre cómo estudiar, lecciones sobre las cosas que, según tu, hago mal, lecciones que no tienen en cuenta muchas cosas que los hijos de tus compañeros no pueden contar como supervivientes. Después de todo esto, de una intensa conversación me haces sentir triste, mala hija, impotente porque, aún habiendo puesto toda la carne en el asador no a sido suficiente para ti, porque después de todo yo, que estaba contenta por aprobar me siento triste porque para ti no es suficiente.

No soy capaz de concentrarme tanto como me gustaría, no soy capaz de memorizar tanto como me gustaría, cuando me organizo para estudiar hasta una página y me doy, por ejemplo 1 hora, termina por llevarme casi toda la tarde pero eso tú, que nunca me has ayudado con las tareas ni siendo más pequeña, no lo sabes.

Ha llegado un punto en el cual cada vez que me dices algo al respecto solo me sale ponerme a la defensiva porque estoy cansada de sentirme triste e incomprendida, estoy cansada de que no veas mi esfuerzo, de que no valores mis horas frente al escritorio y de que me exijas más de lo que puedo dar aunque tú creas que está a mi alcance.

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Miedos y otras emociones

Quienes me conocen, aunque tan solo sea de redes sociales, saben que he estudiado y a qué dedico mi vida ahora, me sigo formando en un curso pero ha llegado un punto del curso en el que las clases se dan en la calle y esto ha cambiado mi rutina y puesto en alerta mis sentidos.

Hasta hace solo 2 semanas sabía que llegaría a casa del profesor donde tiene habilitada una habitación para dar la clase, sabía que él nos esperaba allí pero ahora… ahora no, ahora quedamos en un punto de la calle, a veces voy con compañeros y el miedo a que no llegue no me invade pero, a veces, nos falta tiempo para hacer la práctica de calle a todos y justo eso me pasó el pasado lunes, el profesor me dijo que fuese sobre las 20:00 al sitio donde habíamos estado por la mañana, el sitio de la foto, pero que me avisaría por si se retrasaba para que saliese de casa cuando me llamase. Cuando llegaba la hora le escribí por whatsapp “¿Salgo ya? Nos vamos a quedar sin sol”, no recibí respuesta a pesar de aparecer los dos tics en azul pero yo decidí salir de casa consciente de que pronto anochecería, pensé “tal vez vayan de camino y avise cuando ya estén allí” sin embargo, aunque por poco, llegué yo antes que el grupo de prácticas de la tarde con el que tenía que recuperar la práctica y mi cabeza, al igual que el trayecto en autobús no abandonaba la idea de “¿y si no vienen?” “No me contesta, ni me llama”, le hice una llamada pero sin recibir respuesta, aunque la segunda vez que llamé si respondió sentí durante todo el tiempo anterior y hasta que los vi un gran nerviosismo, soledad, miedo, incluso ganas de llorar (aunque para que eso suceda soy un hueso duro).

Esta solo es una anécdota que refleja la necesidad de tenerlo todo bajo control, saber que hasta que no ves a la otra u otras personas el sentimiento de abandono vuelve a surgir en cualquier momento.

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A ti que no me conoces

Esta noche quiero escribirte a ti que me ves pero no me conoces, que me hablas pero no sabes como soy, que dices mi nombre sin saber que para bien o para mal tiene una connotación especial, esta noche te escribo a ti que dices conocerme pero no sabes ni la mitad de las historias que definen quién soy.

Puede que a veces me muestre dura, fría y/o distante pero solo es una coraza, debajo hay una persona llena de miedos. Tal vez a veces veas a alguien tímido pero detrás de eso solo hay desconfianza, prefiero conocerte antes que dejar que me conozcas. Quizás creas que soy difícil de conocer pero soy más fácil de lo que crees. Si ves a una persona agresiva (verbal o físicamente) no me juzgues, es una reacción incontrolable para echar de mi vida a todos antes de que me echen a mí de la suya. Puede que una vez me conozcas veas a una persona grande por todo lo que he pasado pero yo me veo pequeño/a. Creerás que no me dejo querer pero me siento tan indefenso/a que pocos llegan a verme con la guardia tan baja como para que me acurruque en tus abrazos pero los necesito aunque no lo parezca.

A ti, que no me conoces aunque creas que si, dame la oportunidad de verme con la guardia tan baja en medio de un abrazo o de un beso que cuando lo hagas te sorprenda verme así.

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Despedidas

La vida sin etapas y esas etapas están llenas de personas que entran y salen de nuestra vida ¡Vaya novedad! ¿Verdad? 😜 Etapas llenas de despedidas que no tienden a ser agradables para nadie pero ¿y para los adoptados?

Cada vez que he tenido que afrontar una despedida por un cambio de etapa he preferido seguir mi vida, con normalidad, como si esa etapa no fuese a terminar quizás, a lo sumo, quedo con aquellas personas que llevo más tiempo sin ver pero en ningún momento lo veo como una despedida.

¿Que pasa dentro? ¿Que se me pasa por la cabeza? A veces nerviosismo, tristeza por perder lo que hay en ese presente, desconexión, esa desconexión que hace parecer que el final de una etapa no fuese conmigo.

¿Pasotismo? ¿Dejadez? ¿Qué ven desde fuera a esa actitud el resto de personas? Algunas personas ven los cambios de etapa con ilusión, motivación, grandes expectativas pero a otros nos suelen traer a la cabeza recuerdos de perdida, tener que volver a construir con el esfuerzo que supone y mucho más.

¿Reconocéis esa actitud en vuestros adoptados? Quizás en un cambio de ciudad, de colegio o similar.