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El orgullo

Hace un par de días, cuando hablaba del libro “Indómito y entrañable” os mencioné que os transmitiría algunas reflexiones que fui haciendo conforme iba leyendo este libro y hoy os traigo la primera de ellas, una reflexión acerca del orgullo.

Siempre me han dicho que soy de discutirlo todo, de no callarme nada y la realidad es que dentro de esa verdad hay mucho de un ser pequeñito. Durante muchos años, especialmente en mi adolescencia, me sentí pequeña, diferente, inferior al resto, a los que eran iguales en edad y a los que no, durante los años posteriores, coincidiendo con las primeras prácticas el contestar, el responder a todo, el no callarme nada cuando no estaba de acuerdo y el discutir incluso con algún que otro superior en voluntariados, trabajos temporales, etcétera siempre creí que eran culpa de quien me provocaba pero durante la lectura de este libro pude entender algo diferente mirando en mi interior.

Conforme iba leyendo cada una de las páginas, no por la rapidez con la que lo acabé lo hice con poca atención, empecé a entender que una parte de ese sentirse pequeñito en realidad sigue más vivo que nunca y una parte de mi ha aprendido a expresarlo poniéndome encima, discutiendo, peleándome con quien está por encima de mi en el rango de algo, en definitiva haciéndome notar.

Si bien es cierto que hasta ahora solo me han dado la oportunidad de hacer diferentes prácticas y pocos trabajos remunerados diría que al menos en una ocasión siempre he discutido con algún superior, incluso antes de llevar una semana en la empresa.

No sé si será algo común de los adoptados o no pero es algo que he sentido que era común con Toni (aunque no compartiésemos las razones pero siempre el discutir y como arma de defensa). Desde luego sea cual sea la razón de cada uno siento, por lo que me transmitió el libro, que a ambos las personas que están por encima nuestra nos hacen sacar aun con más razón ese lado pequeñito en forma de orgullo, discusión y respuesta agresiva, aunque sea solo verbalmente, porque no somos conscientes en algunos momentos de nuestra vida de cual es la mejor arma para defendernos de aquellos que nos hacen sentir más pequeños de lo que nuestra propia historia nos hace sentir respecto a los demás incluso cuando nos tratan de iguales.

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Otras formas de sobrevivir. Educando para educar

Hace menos de dos horas que he terminado de leer el libro “Indómito y Entrañable”, un libro que he leído en apenas 1 semana ¿Sabéis que es lo más fascinante que me ha parecido de él? Cómo un niño adoptado a los 10 años (Toni, el protagonista del libro) y yo adoptada a los 3 meses no distamos tanto en algunos sentimientos. Podríamos decir que cada cual se ha expresado de una forma, también es cierto que las vivencias de 10 años frente a las de 3 meses distan mucho y quizás eso es lo que le otorga más valor a este libro de José Ángel Giménez, no que haya tiempos tan dispares sino que detrás de esos tiempos tan dispares hay cientos de experiencias y situaciones diferentes pero, además, también hay sentimientos precisos.

Es sabido por muchos, aunque por desgracia no por todos los padres adoptivos y no digamos ya del resto de la sociedad cuyos datos bajan casi en un 100%, que una adopción da igual que se produzca con tres meses o con más porque todas tienen secuelas y deben ser los padres adoptivos los que sepan manejar dicha situación y ser conscientes de que entre ser “hijo biológico” y ser “hijo adoptivo” hay un trecho que casi nadie logra entender. Con todo el respeto al autor permitidme que traslade aquí las siguientes palabras en relación a esto que menciono.

“Cuando un niño adoptado llega a nuestra casa, ha habido un demoledor proceso de ruptura, no deseable, que le marca de por vida, aunque el niño sea recién nacido.”

Este libro llegó a mis manos tras una semana de crisis personal (Gracias U. por estar en aquel momento junto a mi a pesar de la distancia), llegó con el fin de dárselo a leer a mis padres adoptivos, sin embargo, mi necesidad por tener bajo control lo que sucede en mi entorno incluye leer aquello sobre adopción que mis padres van a leer para saber si, de alguna forma, puede repercutir en mi propio beneficio con una mayor comprensión por su parte de mi forma de ser, actitudes y comportamientos que no siempre llego a controlar, incluso diría que con ellos rara vez llego a controlar, o simplemente caería en saco roto y se esfumaría mi esfuerzo por hacerles llegar libros y por tratar de educar a quienes deberían haber aprendido a entender mucho tiempo atrás, cuando aún había cosas que ellos podían solucionar.

No os voy a negar que en diversas ocasiones a lo largo de la lectura yo misma he llegado a tener dudas de si entenderían los parecidos pero el final me ha dejado un gran sabor de boca a pesar de ser un libro que recientemente ha cumplido diez años de su publicación.

Lo que empezó como una necesidad de control ha terminado como una autoreflexión (os dejaré en los próximos post de este blog alguna de esas reflexiones) pero, también, he terminado preguntándome lo que tantas veces me pregunté con anterioridad, ¿por qué no llegaron libros de este tipo (o este inclusive) hace diez años a sus vidas cuando podrían haber evitado que la vida doliese tanto? Hubiese dolido, eso está claro, soy consciente de que los padres adoptivos no sois magos, pero ¿tanto?

Considero que he luchado y lucho contra viento y marea no solo para que vosotros aprendáis sino también para que lo hagan unos padres adoptivos que, al menos según me transmiten, son tan ajenos a la realidad de la adopción pero esto último es más difícil si cabe cuando se trata de tus propios padres adoptivos.

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Si lo que vayas a decir sobre adopción no es más bonito que el silencio o la comprensión ¡CÁLLATE!

Hace un año y medio, cuando nació este blog, me propuse que no solo fuese un lugar para conocer la adopción de padres adoptivos con el objeto de conocer a sus hijos y hacer que las cosas fuesen un poquito más fáciles, me propuse que fuese un lugar que llegase a todas las personas posibles y que aquellos que nada saben de adopción tuviesen también un lugar para conocer lo que se siente siéndolo.

Hace aproximadamente un mes (si, tanto tiempo y hasta hoy no he tenido un hueco para sacar esta publicación) me guardé en los borradores de este blog un artículo de “El País” sobre las adopciones fallidas, yo que me autodefino como una persona un poco masoca, no tuve otra cosa que hacer que ir a la publicación de facebook original de dicho medio y leer los comentarios de la gente con mi correspondiente alucine sobre algunos de ellos, esta fue la razón de hacer esta entrada y que sirviese para compartirla con todos vuestros amigos y conocidos, tengan o no que ver con la adopción. La idea de la misma es poneros algunos comentarios (En negrita) y mi correspondiente justificación o razón de por qué eso no está bien dicho, mencionar que no tienen ningún orden ya que he abierto dicha publicación y cogido comentarios en orden de aparición.

Eeeeempecemos con el desfile de comentarios hechos y dichos desde el desconocimiento:

 

“es adopción fallida en cuanto a que la hija no asumió que era adoptada”: Ser adoptado no es una cuestión de asumirlo o no, es algo que duele por dentro, que quema, que puede llevar hasta, como se habla en el hilo, al suicidio pero no eso no significa que el adoptado no asumiese que es adoptado sino que no siente que su entorno le entienda, que no entiende el por qué de su propia vida, etcétera. Alguien puede asumir perfectamente que es adoptado pero no entender muchas cosas de su historia anterior, no entender por qué la gente no entiende como se siente… En este mismo hilo mucha gente parece no entender el concepto “adopción fallida”, una adopción fallida no es un fracaso en un periodo corto de tiempo sino que no se cree un vínculo con la familia adoptiva y eso termine por romper la adopción (no legalmente que no se puede), ya sea por medio de suicidio, distanciamiento geográfico, distanciamiento emocional…

“Con dos años ….esta niña tendría un problema que no detectaron…porque no podía acordarse de su familia biológica”: Pues si, los servicios de postadopción en España, en las comunidades que exista, dejan que desear en la mayoría de casos y los adoptados, en general, tenemos muchos problemas para construir nuestra identidad sin referentes y eso, entre otras cosas, es muy jodido y hace una adolescencia bastante dura, momento en el que la historia que se cuenta en la publicación se suicidó la chica, con 16 años. La gota que colma el vaso del comentario es que no pueda acordarse de su familia biológica, quien no es adoptado no comprende que acordarse de la familia biológica no es una cuestión racional siempre, también lo es emocional y sensitivo, está muy de moda hablar que durante la gestación podemos oír y reconocer las voces de nuestros padres y ese vínculo de repente se rompe en el momento en el que sales al exterior, en el momento en el que los expertos dicen que el piel con piel es necesario para el bienestar materno y del bebé durante, al menos, dos horas, pero en el caso de adoptados parece que eso que no ha sucedido no es necesario ni importante, de la noche a la mañana se rompe un vínculo que se lleva 9 meses creando, que quien no es adoptado irracionalmente conserva.

“No se puede comparar no se quien escribió el artículo pero esta mil años luz lejos de la realidad” : Seguimos siendo hijos de segunda para mucha gente. Nada más que añadir, señoría.

“madre es quien cria no quien pare”: Mejor dejar de decir ya estas expresiones del siglo pasado, madre será para el adoptado quien designe como tal y, en muchas ocasiones, madres son las dos.

“Muy pequeña me parece cuando la adoptaron como para tener traumas de abandono .Algo no iba bien en ella”: El único razonamiento que necesita este comentario está más arriba pero añadir que aun la sociedad por ignorancia considera locos a los adoptados que hablan abiertamente de sus emociones, de su historia y de cuanto duele ser adoptado. Sociedad, dejadnos de considerar locos, nunca sabréis lo que supone ser adoptado, quizás mínimamente podáis entenderlo leyendo mucho, libros de profesionales, de adoptados, blogs (no necesariamente este)…

-Este último caso me lo reservo para un comentario que ha sido borrado pero al que yo respondí en su momento. Mencionaba que lo que decía el artículo sobre el mayor porcentaje de suicidios en adoptados era mentira y si, señores, lo es, aunque no guste.

 

Os aseguro que habría mucho más para analizar pero creo que ya hay una clara idea de como la gente ve y entiende la adopción. Imaginad cuando el adoptado, en una edad de menos madurez lee según que serie de burradas y luego y escucha otras tantas en su día a día. Ojalá más personas se formasen e informasen sobre como se siente un adoptado.

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Miedos y otras emociones

Quienes me conocen, aunque tan solo sea de redes sociales, saben que he estudiado y a qué dedico mi vida ahora, me sigo formando en un curso pero ha llegado un punto del curso en el que las clases se dan en la calle y esto ha cambiado mi rutina y puesto en alerta mis sentidos.

Hasta hace solo 2 semanas sabía que llegaría a casa del profesor donde tiene habilitada una habitación para dar la clase, sabía que él nos esperaba allí pero ahora… ahora no, ahora quedamos en un punto de la calle, a veces voy con compañeros y el miedo a que no llegue no me invade pero, a veces, nos falta tiempo para hacer la práctica de calle a todos y justo eso me pasó el pasado lunes, el profesor me dijo que fuese sobre las 20:00 al sitio donde habíamos estado por la mañana, el sitio de la foto, pero que me avisaría por si se retrasaba para que saliese de casa cuando me llamase. Cuando llegaba la hora le escribí por whatsapp “¿Salgo ya? Nos vamos a quedar sin sol”, no recibí respuesta a pesar de aparecer los dos tics en azul pero yo decidí salir de casa consciente de que pronto anochecería, pensé “tal vez vayan de camino y avise cuando ya estén allí” sin embargo, aunque por poco, llegué yo antes que el grupo de prácticas de la tarde con el que tenía que recuperar la práctica y mi cabeza, al igual que el trayecto en autobús no abandonaba la idea de “¿y si no vienen?” “No me contesta, ni me llama”, le hice una llamada pero sin recibir respuesta, aunque la segunda vez que llamé si respondió sentí durante todo el tiempo anterior y hasta que los vi un gran nerviosismo, soledad, miedo, incluso ganas de llorar (aunque para que eso suceda soy un hueso duro).

Esta solo es una anécdota que refleja la necesidad de tenerlo todo bajo control, saber que hasta que no ves a la otra u otras personas el sentimiento de abandono vuelve a surgir en cualquier momento.